Hacemos tiempo hasta que sea la hora de subir al autobús que nos llevará a Kiruna, y vemos a los
lugareños con los utensilios propios de la zona, en este caso el padre con la moto y los niños detrás, subidos a sus trineos y remolcados.
Una vez llegados a Kiruna y buscado y encontrado una oficina de Turismo donde poder dejar las mochilas, damos un paseo por la ciudad y nos divertimos y regocijamos en las sencillas esculturas de hielo y sobre todo en su rampa, a la que sacamos brillo una y otra vez.
Después de comprar unas cervezas y enfriarlas en la nieve, comemos en un kebab-pizzeria
y luego tiempo libre.
Doy el paseo con Amparo y visitamos la Iglesia y la ermita con el cementerio contiguo
Asimismo, visitamos sus calles que se comprueban su estado con nieve
Para aprovechar el tiempo y antes de que quiten el vagón del restaurante, solicitamos permiso para cenar, aunque tiene que ser rápido ya que a las 21:00 se cierra.


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