Hoy vamos a hacer otra caminata
pero con distinto destino.
Vamos a seguir disfrutando de las
impresionantes vistas de los arrozales hasta que lleguemos a
un poblado, en el que nos facilitarán unos remos para hacer la aventura del
rafting.

La bajada hacia las balsas es con mucha pendiente, por lo
que tenemos que tener bastante precaución para no resbalar.
La senda entre los
arrozales en esta zona es muy estrecha
y con mucho desnivel, por lo que me espero para
acompañar a María Jesús que lo necesita, además de que hay un búfalo con su
cría cerca del paso y no se fía.
Seguimos bajando por la senda
hasta que llegamos al río
donde nos esperan con los botes ya preparados, en los que nos repartimos para,
después de las correspondientes fotos, iniciar la aventura.

Aunque el trayecto no tiene complicación, es muy sencillo,
hemos de ponerle algo de emoción, por lo que las 3 barcas tenemos algún
percance o aventurilla. En la nuestra, en el primer rápido, mejor dicho en la
primera ola, el efecto pliegue hace que yo caiga dentro de la barca, y que
Jaume, al intentar ayudarme caiga fuera de la barca, pero sin ningún problema
ni riesgo. Proseguimos el curso del río y cuando tenemos (o tienen) oportunidad
de remojar a las otras barcas con el remo, sin dudar lo hacemos.
Antes de efectuar una parada técnica para comer en un tipo
de playa del río, Andrés cae de la barca al agua, pero es justamente cuando
tenemos que parar.
Otra de las barcas queda encallada en una roca y no va ni a
la izquierda ni a la derecha,
por lo que tienen de bajar todos de la misma y
subirse a la roca para intentar sacar la barca hacia un costado. Nosotros lo
observamos desde la distancia, ya que nuestro timonel nos ha parado en un remanso del río a la
espera del desenlace. De una orilla del río, los propios guías componentes de
la barca, y de la otra, los de la barca que iba en cabeza y han vuelto por las
rocas, les lanzan cuerdas con la que desplazan
la barca hacia una parte de la roca, para una vez sujeta cerca de la misma,
subirse todos los componentes de nuevo y proseguir la aventura.
La otra barca también se queda entre dos rocas y tampoco iba
para adelante ni para atrás. También la resolución no tuvo consecuencias. En el
último tramo vamos observando bandadas de patos, que a medida que vamos a
llegar a ellos, se desplazan nuevamente otro trecho, hasta que una de las veces
el vuelo lo efectúan hacia la parte superior del río, con lo que los perdemos
de vista
Otra vez tenemos suerte. Llegados al final del tramo de
rafting, y una vez en la casa que vamos a cambiarnos de ropa, comienza a
llover, pero ¡!! Ya estamos en seco¡¡¡¡
De regreso al hotel que estábamos, y para esta noche, Andrés
y yo hemos reservado la comida que no pudimos deleitar en el funeral: la caña
de bambú rellena. Aunque me comenta Andrés que no tiene nada que ver con la que
ofrecen allí; ésta resulta seca y la otra está más jugosa.


También probamos la carne de búfalo, que efectivamente está
rica, aunque me gustaría menos hecha.
Asimismo compartimos una carne de búfalo
que, según el nombre en la carta, parecía un hojaldre, aunque son patatas
cortadas muy finas y muy pequeñas.