BORNEO - EXPEDICION VISITA ORANGUTANES EN BARCO
Despertar en la barca, con la calma del río, entre árboles y con esta vegetación frondosa, en el silencio de los ruidos, es algo que no se puede describir facilmente, y muy gratificante de disfrutar, así es que toca poner mucha imaginación. Lo siento.
Antes de desayunar nos avisan del avistamiento de una cría de cocodrilo en el agua,
así como de
muchas mariposas que aletean por el entorno. Desayunamos en cubierta y a
las 8:30 iniciamos ruta de para ver los orangutanes en el centro Pondok
Tanqui, el segundo centro de rehabilitación del parque.
El camino en principio es por una plataforma hecha con maderas
para pasar a
senda de tierra, a veces hojarasca y en otros momentos raíces
retorcidas de los árboles, y todo ello entre la tupida vegetación de la
jungla.
Llegamos, antes de la hora prevista para la comida, al "recinto" formado por unos bancos de madera altos colocados enfrente de una plataforma elevada de madera entre los árboles.
A las 09:00 llega el guarda del parque para dejarles la comida de la mañana , compuesta por:
-Bananas pequeñas, pomelos grandes y leche.
Ya estaban rondando por las cercanías, los primeros orangutanes y aquí el escalafón manda:
El primero el macho dominante,
que, aunque en estos momentos no está, pasa
al siguiente. Así es que el más importante se asienta en la plataforma y
comienza a comer bananas y beber leche, y comer bananas y beber leche.
Mientras, el resto sube y baja por los árboles cercanos, pero sin
contacto con la plataforma. Después de unos 10 minutos, una hembra con
su cría agarrada a su cuerpo,
se sube a la plataforma y, con cuidado, se
acerca a los racimos de bananas, cogiendo y comiendo varios así como
bebiendo de la leche. El macho está comiendo y la mira con indiferencia.
Toma unos racimos y se aleja a otro árbol para seguir comiendo. En esto
que la cría se agarra al cuenco de la leche para llevárselo, pero es
muy grande y se derrama. El macho se percata y aunque no le ha gustado,
lame el líquido derramado sobre la tarima.
A los 20 minutos deja de comer y se aleja un poco con lo que el resto de los orangutanes se van acerando poco a poco y subiendo a la plataforma, comiendo lo que pueden o les han dejado, pero con un brazo o una pata en el árbol mas cercano,
por si vuelve el "dominante".
Hasta las ardillas se acercan para obtener su pequeño tesoro.
Vuelve el guardia a reponer líquido en los recipientes y los que quedan beben metiendo la cabeza en ellos, aunque otros toman con sus manos el cuenco para beber, o, como el pequeño, metiendo la mano en la leche y subiéndola por encima de su cabeza, para luego sacar su labio inferior y dejar caer el líquido de su mano en el mismo.
Después de un buen
rato y de haberse marchado los orangutanes, iniciamos la vuelta de
regreso al barco, observando las plantas carnívoras existentes en el
camino.
Proseguimos ruta por el río, hasta llegar a un cruce, en el que nos desviamos a la derecha, para adentrarnos en la jungla través del "pequeño SEKONYER, o río Negro, recibiendo este nombre por el efecto "espejo" que hacen sus aguas claras.
Cada vez se hace más estrecho el cauce o más bien, el espacio para pasar, ya que por esta parte, las
plantas
flotantes son cada vez mas numerosas, hasta el punto de que hay lugares
en que están atadas a la orilla y en otros momentos forman islas a la
deriva que las barcas sortean.
El final de trayecto es una aglomeración de barcas en un pequeño embarcadero, y que, dado el poco espacio existente, tiene que hacer varias maniobras para su amarre.
Los nubarrones que divisábamos hace un rato, están desembolsando su cargamento con generosidad, (hemos tenido que poner los toldos para que no entre el agua a bordo) pero positivamos para que a la
hora de ir a ver otro campamento de orangutanes haya terminado de descargar.
Nuestra manutención de hoy se compone de verduras, fideos o nuddels, pollo y calabacín rebozado.
Cuando vamos a salir de nuevo a ver los orangutanes, nuestro conjuro ha dado sus frutos y está dejando de llover, solamente gotea levemente, con lo que nos planteamos llevar o no el chubasquero, pero en esta zona del mundo ya se sabe, se lía en un momento.
Seguimos la senda en alto de tablas de madera hasta llegar al "control" de la entrada al campamento LAKEY, y no se creen que 7 personas solo llevemos 5 cámaras de fotos y 1 de vídeo. Cuando alguien se da cuenta de que nos ven estuches colgando del cinturón, les enseñan los prismáticos prisioneros en ellos aceptan la entrada.
En las casicas del campamento está un orangután con su cría,
intentando abrir la puerta de una caseta, pero cuando el guarda de la zona se acerca, se separa respetando sus instrucciones.
Aquí somos más personas: otro grupo numeroso de españoles, la pareja catalana, otros de otra nacionalidad, la parejita de rangers y nosotros, más los guías que están sentados en otra zona.
Se repite lo de anteriores veces, a saber, van acercándose los orangutanes por los árboles que circundan la plataforma, llega el guarda con la comida y bebida,
se aproxima el más dominante, comienza a comer pero, esta vez hay más orangutanes, hasta un total de 12 (no todos a la vez en la plataforma)
y no hay problema en que haya varios comiendo bebiendo a la vez:se va alguno, hembras con crías, se proveen de racimos de bananas que pueden y se van a comérselos a algún árbol próximo.
Luego regresan. Uno de ellos se aprovisiona de género y se sube a un árbol cercano a la valla. Después de un rato y de habernos alejado (nos previno Andrés de que podían echarnos algo como "lluvia dorada" u otros elementos) vierte parte de la comida masticada y que lleva en la boca y en sus manos y cae sobre la parejita de rangers, mejor dicho sobre él y su mochila, aunque sigue sin moverse y sigue haciéndole fotos desde abajo.
Suben, bajan, se mueven de acá para allá, algún pequeño rompe las ramas y las arroja (quizás sea ésta la razón por la que los árboles cercanos a los comederos están tan pelados de ramas. Uno de ellos en su marcha hacia la jungla, pasa por entre nosotros.

Por fin aparecen el resto de nuestra expedición, han conseguido llegar después de nuevos problemas: a la llegada al embarcadero, el empleado no estaba, se ha ido a comer, (casi lo mismo nos pasó) así que tienen que ir a buscarlo; más tarde una de las lanchas (más rápidas que el barco, para poder llegar a comer y ver los orangutanes) se estropea, intentan arreglarla y después de media hora, funciona pero... la otra se ha estropeado; la hacen funcionar pero han perdido una hora. Hubiesen llegado a la hora de comer, pero este retraso hace que a la llegada vayan directamente a ver los orangutanes. Cuando llega la última motora no hay nadie para llevarles, pero al final les acompaña uno de la barcaza.
Estos son el resto que faltaba:
Jose Antonio y Feli de San Asensio (La Rioja)
Conchi de Gata de Gorgos (Alicante)
Elisa de La Palma
Carmen de Murcia
Monika de Mallorca
Tere de Buñol (Valencia)
y Mª Jesús de Cordoba
Volvemos al barco todos juntos, por un sendero cuyo recorrido es más largo, a través de la jungla, en esta ocasión viendo setas de distintos tipos. Regresamos por el cauce hasta el campo 2, donde dormimos la noche anterior, pero el recorrido se hace muy largo y con fresco.
Se limpia la cubierta de un barco para el montaje de las mesas para cenar, y hoy somos 15 mas 3 (guías) y el espacio se nota. Sacan la cena y en comparación con los otros días, parece insuficiente, pero al final hay bastante y sobra. Hoy han hecho una especie de caldereta de gambones al curry que está delicioso.
Ahora recogida de mesas y sillas, montaje de camas, duchita, gin-orange y a la piltra, todo esto con un espectáculo grandioso: los árboles cercanos plagados de luciérnagas.
Despertar en la barca, con la calma del río, entre árboles y con esta vegetación frondosa, en el silencio de los ruidos, es algo que no se puede describir facilmente, y muy gratificante de disfrutar, así es que toca poner mucha imaginación. Lo siento.
Antes de desayunar nos avisan del avistamiento de una cría de cocodrilo en el agua,
El camino en principio es por una plataforma hecha con maderas
Llegamos, antes de la hora prevista para la comida, al "recinto" formado por unos bancos de madera altos colocados enfrente de una plataforma elevada de madera entre los árboles.
A las 09:00 llega el guarda del parque para dejarles la comida de la mañana , compuesta por:
-Bananas pequeñas, pomelos grandes y leche.
Ya estaban rondando por las cercanías, los primeros orangutanes y aquí el escalafón manda:
El primero el macho dominante,
A los 20 minutos deja de comer y se aleja un poco con lo que el resto de los orangutanes se van acerando poco a poco y subiendo a la plataforma, comiendo lo que pueden o les han dejado, pero con un brazo o una pata en el árbol mas cercano,
Hasta las ardillas se acercan para obtener su pequeño tesoro.
Vuelve el guardia a reponer líquido en los recipientes y los que quedan beben metiendo la cabeza en ellos, aunque otros toman con sus manos el cuenco para beber, o, como el pequeño, metiendo la mano en la leche y subiéndola por encima de su cabeza, para luego sacar su labio inferior y dejar caer el líquido de su mano en el mismo.
Proseguimos ruta por el río, hasta llegar a un cruce, en el que nos desviamos a la derecha, para adentrarnos en la jungla través del "pequeño SEKONYER, o río Negro, recibiendo este nombre por el efecto "espejo" que hacen sus aguas claras.
Cada vez se hace más estrecho el cauce o más bien, el espacio para pasar, ya que por esta parte, las
El final de trayecto es una aglomeración de barcas en un pequeño embarcadero, y que, dado el poco espacio existente, tiene que hacer varias maniobras para su amarre.
Los nubarrones que divisábamos hace un rato, están desembolsando su cargamento con generosidad, (hemos tenido que poner los toldos para que no entre el agua a bordo) pero positivamos para que a la
hora de ir a ver otro campamento de orangutanes haya terminado de descargar.
Nuestra manutención de hoy se compone de verduras, fideos o nuddels, pollo y calabacín rebozado.
Cuando vamos a salir de nuevo a ver los orangutanes, nuestro conjuro ha dado sus frutos y está dejando de llover, solamente gotea levemente, con lo que nos planteamos llevar o no el chubasquero, pero en esta zona del mundo ya se sabe, se lía en un momento.
Seguimos la senda en alto de tablas de madera hasta llegar al "control" de la entrada al campamento LAKEY, y no se creen que 7 personas solo llevemos 5 cámaras de fotos y 1 de vídeo. Cuando alguien se da cuenta de que nos ven estuches colgando del cinturón, les enseñan los prismáticos prisioneros en ellos aceptan la entrada.
En las casicas del campamento está un orangután con su cría,
Aquí somos más personas: otro grupo numeroso de españoles, la pareja catalana, otros de otra nacionalidad, la parejita de rangers y nosotros, más los guías que están sentados en otra zona.
Se repite lo de anteriores veces, a saber, van acercándose los orangutanes por los árboles que circundan la plataforma, llega el guarda con la comida y bebida,
Luego regresan. Uno de ellos se aprovisiona de género y se sube a un árbol cercano a la valla. Después de un rato y de habernos alejado (nos previno Andrés de que podían echarnos algo como "lluvia dorada" u otros elementos) vierte parte de la comida masticada y que lleva en la boca y en sus manos y cae sobre la parejita de rangers, mejor dicho sobre él y su mochila, aunque sigue sin moverse y sigue haciéndole fotos desde abajo.
Suben, bajan, se mueven de acá para allá, algún pequeño rompe las ramas y las arroja (quizás sea ésta la razón por la que los árboles cercanos a los comederos están tan pelados de ramas. Uno de ellos en su marcha hacia la jungla, pasa por entre nosotros.
Por fin aparecen el resto de nuestra expedición, han conseguido llegar después de nuevos problemas: a la llegada al embarcadero, el empleado no estaba, se ha ido a comer, (casi lo mismo nos pasó) así que tienen que ir a buscarlo; más tarde una de las lanchas (más rápidas que el barco, para poder llegar a comer y ver los orangutanes) se estropea, intentan arreglarla y después de media hora, funciona pero... la otra se ha estropeado; la hacen funcionar pero han perdido una hora. Hubiesen llegado a la hora de comer, pero este retraso hace que a la llegada vayan directamente a ver los orangutanes. Cuando llega la última motora no hay nadie para llevarles, pero al final les acompaña uno de la barcaza.
Estos son el resto que faltaba:
Jose Antonio y Feli de San Asensio (La Rioja)
Conchi de Gata de Gorgos (Alicante)
Elisa de La Palma
Carmen de Murcia
Monika de Mallorca
Tere de Buñol (Valencia)
y Mª Jesús de Cordoba
Volvemos al barco todos juntos, por un sendero cuyo recorrido es más largo, a través de la jungla, en esta ocasión viendo setas de distintos tipos. Regresamos por el cauce hasta el campo 2, donde dormimos la noche anterior, pero el recorrido se hace muy largo y con fresco.
Se limpia la cubierta de un barco para el montaje de las mesas para cenar, y hoy somos 15 mas 3 (guías) y el espacio se nota. Sacan la cena y en comparación con los otros días, parece insuficiente, pero al final hay bastante y sobra. Hoy han hecho una especie de caldereta de gambones al curry que está delicioso.
1 comentario:
Hola aventurero: le he puesto imaginación y he logrado disfrutar de un gratificante despertar en la barca, entre una vegetación frondosa y los ruidos propios del lugar. Y he visto a los orangutanes subidos por los árboles, esperar pacientemente a que el macho dominante terminara para comer lo que les ha dejado, ah, y me ha encantado la caldereta de gambones al curry. Conclusión: disfruto con tu narrativa. Beso. Tu fan.
Publicar un comentario