viernes, 22 de noviembre de 2013

INDONESIA - LIMBONG 20-11-2013


Tal como ayer, hemos dado cuenta de un buen desayuno aunque a la salida del hotel no estaba el dueño pavoneándose con su JEEP. 

Hoy salimos hacia otro cementerio de los Toraja. A la llegada vemos como están sembrando un arrozal y distintamente a otros que están con agua, éste está prácticamente sin agua pero con la tierra totalmente barro, de manera que cada paso que tienen que dar, se hunden hasta la rodilla, y hay que tener en cuenta que el campo no es pequeño.

Primeramente nos acercamos a un poblado en el que tienen las típicas casas de los Toraja, dispuetas en 2 hileras de 10, unas enfrente de otras por su puerta de entrada; a la entrada de cada una de ellas tienen colocadas cornamentas de búfalos, unas más arriba de las otras, con un significado que indica que cuantas más tienen, más adinerada es la familia, lo mismo que los laterales de las viviendas en los que tienen colocados las mandíbulas.

La construcción está hecha con una base de troncos de madera hacia arriba, para dejar la parte baja libre, y la parte de la vivienda en alto, terminada con un tejado formado por cañas de bambú del mismo grosor y varias capas de ramas arriba para que resbale el  agua, aunque con el tiempo, el polvo se deposita en la parte superior y algunas semillas también, con lo que crece un tipo de hierba parecida a los helechos.

Se va a celebrar próximamente una semana del turismo, por lo que anticipándose, un grupo de 6 mujeres jóvenes, ataviadas de dos en dos con unos trajes muy bonitos y de vivos colores, nos deleitan con unas danzas de la zona.

Seguimos camino y nos dirigimos a un cementerio de los Toraja, en el que la primera tumba que vemos  está hecha como si fuese una casa, pero más pequeña, con dos muñecos en lo alto



 de la entrada simulando los personajes enterrados dentro, con sus propias ropas, gafas, sombreros, zapatillas y resto de indumentaria.
En la entrada de una de las viviendas nos sirven la cena, la que depositan en una mesa y nos vamos sirviendo, unos sentados y otros de pie. Carmelo decide dormir en el suelo en la entrada, para lo que se fabrica un “avisador” para caso de que entre algún animal. Seguimos y en esta zona el cementerio es más antiguo. Aquí las los ataúdes están colocados encima de traviesas de madera que introducen en agujeros hechos en la pared. Otros ataúdes, unos con forma de cabeza y cuerpo de búfalo o con otras distintas formas, están esparcidos por el suelo. También hay excavados algunos nichos en la roca de la montaña.






De vuelta nos hacemos con una “Draft Beer” de la marca “Bali Hai” que por cierto esta mejor que las otras
Nos llevan hacia unas montañas, en las que vemos algún río tipo a Pirineos, de los que transportan troncos por el caudal del río, allí se llaman “navateros” aunque desconozco como se les denomina aquí.
Vamos a comenzar una caminata por la montaña, entre arrozales, que nos llevará a una  aldea donde pernoctaremos. Para ello, gente del grupo, pagando una módica cantidad que negocia Andrés (al que se le ve molesto porque le piden más de lo que está acostumbrado a pagar, y no le gusta que se aprovechen) va a dejar las mochilas para que las transporten unos jóvenes lugareños con sus motos, de esta forma la caminada se hará más sencilla.
Ni que decir tiene que somos el centro de las miradas de todos los estudiantes que, acabando de salir del colegio, pasan por nuestro lado y les damos caramelos y alguna otra chuchería que llevamos. Tenemos que cargar con la comida que nos ponen en unos recipientes de plástico y que daremos cuenta de ella en un poblado del camino.
La caminata es una delicia por la poca dificultad y el paisaje que tenemos a nuestro alrededor, observando básicos juguetes como una rueda con la caña de bambú, y una máquina manual para desgranar el café.


 Pasamos por varias aldeas hasta que llegamos a una en la que están tejiendo un tipo de alfombras con fibra vegetal, y es donde vamos a comer, teniendo a los gallos, gallinas y polluelos prestos a devorar cualquier migaja que se nos cae.
Seguimos camino y seguimos disfrutando de los bancales de arrozales, unos sin y otros con agua, con el pozo en el centro para que los peces que tienen, siempre tengan agua.
Una vez llegamos al poblado, todos los niños se acercan y alejan jugando a su forma con nosotros. Alguno, un poco menos niño, saca una pelota hecha con una especie de mimbre, pasándosela de unos a otros intentando que no llegue al suelo, cosa que a veces ocurre, y que Carmelo que se encuentra en forma y con ganas les acompaña en el juego.
Un poco más tarde van apareciendo otros jóvenes, en este caso con gallos, a los que tocan, acaricias, los dejan en el suelo, los suben de las plumas de la cola, los vuelven a acariciar hasta que dos de ellos se predisponen a poner un gallo enfrente del otro acercando y alejándolos.
Inevitable, van a hacer que se peleen. En efecto, los sueltan y comienzan a intentar picotearse el uno al otro y el otro al uno, o a tentarse con movimientos rítmicos de atrás-adelante, atrás delante con la cabeza, y poniendo las plumas del cuello más huecas para intentar amedrentar al contrario.
Habitación de las chicas
Luego nos indican nuestros aposentos en las típicas viviendas de ellos, por lo que nos repartimos entre dos viviendas; en una habitación estamos Heidi, Andrés y yo, en la otra un grupo de chicas y el resto en la otra vivienda.
En la entrada de una de las viviendas nos sirven la cena, la que depositan en una mesa y nos vamos sirviendo, unos sentados y otros de pie. Carmelo decide dormir en el suelo en la entrada, para lo que se fabrica un “avisador” para caso de que entre algún animal

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