viernes, 15 de noviembre de 2013

INDONESIA -VOLCAN BROMO- KALIBARU 12-11-2013


Nos toca madrugar; 03:30 horas, para que nos recojan en 4x4 y dirigirnos a l mirador Penanjakan, situado a unos 2800 metros de altitud y, desde allí ver el amanecer y las cumbres de los volcanes.
Salimos con 15' de retraso sobre el horario que nos marcó Andrés, esperando que luego no necesitemos esos minutos para la vuelta o algún tramo del recorrido. Nos acoplamos en los (3+1) x (3+1) y ya nos indican que al llegar, nos dejan en el lugar donde pueden aparcar, por lo que si han llegado muchos con más antelación, nos tocará caminar más.
Aunque Andrés nos había asustado por el frío que podíamos sentir aquí arriba (ya nos vendían por la mañana y la noche anterior en la plaza, gorros de lana y guantes ¡¡¡que miedo!!!), la verdad es que no hace tanto y, hasta él se asombra, pero vamos subiendo la rampa de la carretera y luego los escalones hasta la puerta de entrada y la zona de vistas del amanecer.
¡¡¡¡Que pena!!!!! ya ha amanecido o al menos ya hay claridad, que no es lo mismo que llegar con el cielo obscuro o en penumbra (o casi). Al menos hay bastante gente pero hay huecos a elegir para ver el amanecer. Nos relaja el comentario del guía de que lo importante serán los contraluces que se producirán posteriormente en los volcanes y su entorno.
Se levanta suavemente el anaranjado sol por el lejano horizonte, y va tiñendo de colores rojos, amarillos y anaranjados las nubes que encuentra a su paso. Disfrutamos de la sensación de calidez que transmite este amanecer, quebrada solamente por el leve sonido y cortos destellos de los flases de los disparos de las cámaras.
Una vez flota el sol en la claridad generosa que ha producido, activamos los mecanismos de nuestras cámaras en dirección a los volcanes SEMERU, BROMO Y BATOK, que se avistan en verticalidad delante nuestra, en la profunda depresión que forma el gran cráter que tenemos a nuestros pies y que como en el Ngorongoro (3 veces mayor que éste) no se aprecia apenas nada en su suelo, a excepción de una línea que semeja a un camino o carretera.
A la izquierda vemos la cornisa lateral del gran cráter en el que se ven las casas de una pequeña población que es, nada más ni menos que CEMORO LAWANG, lugar donde hemos pernoctado la noche anterior.
Seguimos disfrutando de la panorámica que tenemos ante nuestros ojos, la fumarola ancha y blanca que despide el Bromo, cuando el Batok suelta una fumarola negra que hace despertar nuestros sentidos de nuevo.

Es corta pero intensa, a tenor de las exclamaciones generales escuchadas. De nuevo se escucha el clack, click, pass, etc. de los nuevos disparos de pixels para las instantáneas de nuestras tarjetas.
Poco tiempo después de sorprendernos, corta su erupción y se diluye en el paisaje. Vamos finalizando los momentos "Kodak" o "Fuji" para agruparnos tomando un calentico "Capuchino" o "italian coffee" que está delicioso.
Vamos deshaciendo el camino de subida para, con los todo-terreno y bajando por la falda de la montaña del cráter, dirigirnos a un punto, invisible desde el mirador, en que nos esperan unos caballos (el que quiera subir está incluido en el precio) para llevarnos en sus lomos, asido de sus riendas por Emí, quien me entrega su tarjeta de cartón, para llamarle a la bajada, hasta las empinadas escaleras que conducen al cráter del volcán BROMO.
Vamos subiendo cada cual a su ritmo hasta ver el espectáculo:
Cráter profundo del que mana una blanca fumarola y se escucha el sonido bramador de la profundidad de la grieta quebrada en la tierra.
Unos minutos de asombro (con la boca cerrada) y hay que seguir si se quiere ver desde otros puntos o miradores.
Junto a Conchi vamos avanzando por la izquierda hacia el Este, de foto en foto, hasta que ella sigue a su ritmo y yo a seguir a Carmelo, que se le ve ya en el lo alto del primer mirador del Este.
Paro momentaneamente para desvestirme del pantalón y camiseta térmicos, pues con el esfuerzo sube mucho la temperatura; los abandono temporalmente para no cargar con su volumen y su peso.
A la llegada al mirador del Este, el espectáculo vuelve a ser grandioso: las vistas alrededor son inpresionantes: el cráter del Bromo y su fumarola incesante, otro a la izquierda y todo el perímetro Sur-Este del gran cráter, el mirador sur (al que acaba de llegar Carmelo y otros dos que están llegando).
Por tiempo seguiría para dar la vuelta total, pero ¡¡lástima!! he dejado la ropa atrás y hay que recogerla. Una vez recuperada encuentro a Andrés que viene a buscarnos y regresamos juntos, el hacia las escaleras para recoger al resto y yo atajo por la ladera norte de arena volcánica hacia el punto de encuentro con Emí, al que encuentro enseguida y ...... falta abajo de la montaña a lomo del mismo ecuestre que me subió. Por el camino cruzamos con un guiri al que el caballo no quiere subir y le ha tirado 2 veces.
Llegada al punto donde se encuentra Supri, al que le entrego el cartón con el nombre del mulero, tal como hemos quedado, para que le abone a éste su correspondiente tarifa.
Típica furgoneta de la zona
Aquí vuelven a recogernos los 4x4 para trasladarnos por el camino de arena que se divisaba desde el mirador, hasta el hotel donde descansamos la noche anterior y vamos a desayunar a continuación.
Recompuestos y rellenitos en un normal desayuno, nos dirigimos a tomar el tren, otra vez en clase EXECUTIVE, en Pasauran, con destino a Kalibaru, en más o menos 4 horas. Esta vez en asientos más cómodos pero con ventanales más pequeños.
Van pasando camareros con bandejas de platos para comer, por ejemplo carne picante con verduras que se suministra Andrés y que nos informa que comamos algo también ya que cuando lleguemos al hotel será tarde para la comida y el hotel solamente tiene varios platos fuertes y es caro, o sea que ésto mejor para cenar.
Así es que, un tiempo prudencial antes de llegar, como unos nuddels junto a Alicia y Carmelo en el vagón restaurante, aunque no hay Bir.
A la llegada a Kalibaru, amenaza con llover, así es que vienen con una furgoneta a por los equipajes y nosotros cruzamos la estación por las vías y ¡¡ya!! estamos en el hotel, que es una antigua hacienda holandesa (Margo Utomo Agroresort) de la época colonial, con mucho encanto, muchas plantas, jardines, árboles y una gran piscina al final.
Como está lloviendo no me apetece la piscina, pero sin embargo me apunto a un masaje javanés, de una hora de duración, desde los dedos de los pies, piernas, espalda torso, brazos, cuello (aquí lo hacen muy duro, casi molesto) y cabeza, todo ello por 100.000,- pichurrines (unos 7 euros). Una vez han terminado con nosotros, también Mª Jesús y Carmelo, nos retiramos a disfrutar del merecido descanso de tanto viaje.
Momentos antes de la cena, y como ha sido el cumple de Eugenia,nos deleita con unas lonchas de jamón de su pueblo, unos cortes de longaniza y unos tacos de chorizo sequito riquísimo, que quita el hipo.
Cenamos, explicación de la ruta del día siguiente y a planchar la oreja.
La habitación no está mal, buena cama, cuarto de baño con el inodoro incluido en la ducha, luz débil con ventilador y unas toallas "sin rizo". Mejorando algunos detalles, sería un lujo, pero queda de "necesita mejorar".

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Y ese jamón y chorizo, ¿de dónde ha salidooooooooooooooooo?
Tu fan.

Anónimo dijo...

Las fotos hablan por sí solas.