Después de un "justico" desayuno, vamos a visitar los famosos arrozales de los alrededores, en concreto el poblado de TEGALA CANG,
Accedemos por las terrazas de un bar, para ir bajando por las estrechas sendas que hay entre terraza y terraza de arrozales
Vamos pasando a las terrazas del otro lado, cuando nada más llegar, ya encontramos a una persona que nos pide el pago de pichurrines para poder acceder a los bancales, así es que esperamos al guía que enseguida le pone firmes, imaginamos que ya les han untado veces anteriores y tienen su acuerdo, pero no obstante, el letrero de que hay que pagar por el acceso está presente.
Una vez que tenemos que dejar el disfrute de visión de esta maravilla, nos toca ir de visita al templo de TAM PAK SIRING, en el que además de ser domingo,
Hasta la puerta de entrada hay una aglomeración total, y aquí no hacen fila, todos "se cuelan", como nos explica Andrés, todos se meten delante de ti pero....... con una sonrisa, para después una fila como en los aeropuertos, pero dentro del recinto del agua, para luego mojarse con el agua de todas y cada una de las fuentes o manantiales que hay en una parte, y luego pasar a la 2ª "piscina", aunque aquí ya hay menos aglomeración.
Fuera de ellas siguen las ofrendas, vemos un pato y un conejo, cubiertos con hojas de una planta, a modo de trenzado y sujetos a una caña (han ido colgando) , que han sido objeto de una ofrenda pero están al sol, por lo que Alicia pide permiso para ponerlos a la sombra, con tan mala suerte que el pato se sale de la malla que lo contenía y queda libre.
Vamos al recinto donde está el manantial y se observa bajo el agua, el movimiento del fango o arena negra por varios lugares del fondo por manar el agua.
Tiempo para hacer compras y compartir un poco los pichurrines que llevamos. Nuevamente el regateo o negociación .
Ahora nos dirigimos a una plantación de diversas plantas,
Seguimos cumplimentando el intenso día de hoy y para ello nos dirigimos a visitar el templo
Subimos e intentamos hacer foto a la gran escalinata de la entrada en un momento en que no hay gente, pero.... imposible, en un momento aparecen por arriba, por bajo, por los lados, y aunque vean que estás haciendo una foto, ellos se ponen, es como lo de las filas...."pero con una sonrisa".
Vamos visitándolo primeramente por la parte izquierda, y efectivamente es grandioso, comprobando que aquí las pagodas también tienen alturas impares, con lo que ya no sabemos si es costumbre o tiene algún significado. La bajada la efectuamos por la gran escalinata que conduce a la salida y ya nos espera Andrés para marcharnos. Ayudamos a Carmelo en la compra de una cometa para su sobrino, y, son duros eh!!, pero al final acceden, como siempre Andrés nos ofrece su apoyo para la negociación, sabe que si nos llama que tenemos que marchar, ellos tienen que decidir la venta rápida o se quedan sin nada.
Vamos a comer a un restaurante en buffet libre,
Al regreso, el minibus nos deja a la entrada del MONKEY FOREST,
Nada más entrar, uno de ellos se sube a mi mochila, y aunque no le hago caso, en uno de los bolsillos laterales de la misma, ven una cosa azul y comienza a sacarla; son los caramelos que llevo, los coge y Carmelo ayuda a espantarlo y que se marche. En previsión de que no vuelva, Carmelo se arma con mi paraguas para ayudarse. En una parte de este parque también hay personas haciendo ofrendas, y dos guardas provistos de tirachinas, para ahuyentar a los monos. Terminamos de ver el parque y la "monada" con una trifulca final entre ellos.
Regreso al hotel y después de una duchita, marcho con Mª Jesús (que le ha cedido Carmelo su hora) al masaje reservado el día anterior, y ya sabemos con "mi Norah"!!! en el Milano Salón. Anteriormente Ha entrado Montse, ahora entra Mª Jesús y en unos minutos entraré yo ya que "mi Norah" no está aún. Me ofrecen un té con pastas y al rato..... al masaje.
¡¡¡¡¡Que delicia!!!!! Que manos tiene "mi Norah",
Bueno ya finaliza, y aunque hay jacuzzi, toca duchita, le pago 100.000,- pichurrines (aunque habíamos quedado en 90.000,-) y a darme un lento paseito hasta la hora de cenar, disfrutando de las sensaciones.
Vamos al restaurante que nos ha recomendado Andrés, en el que nos están esperando en una gran mesa al fondo, en el que para saber cada uno lo que hemos pedido y traernos al final la factura, nos asocian una letra, aunque al final no se si ha servido para algo, la confusión es grande.
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