Que tormentón de agua ha caído durante la noche. Debió de
ser hacia las 2 o 2:30, pero con ganas, con muchas ganas, y no ha parado hasta
poco antes de la madrugada.
Al ir a desayunar vemos un “aguati”
o gatuso , que es un
roedor muy grande que hay por aquí y que está merodeando entre las cabañas.
Desayuno a las 6:30 para luego salir en canoa hacia el lago, es río abajo, hacia la entrada desde el Napo.
Una vez llegamos “desencanoamos” y entramos a la zona del lago, que es denominada “ÁREA SAPOCOCHA”, aunque luego nos confirman que es un estanque grande. Desde la entrada ya se ve el lago con una parte central con algún árbol y mucha hierba, y todo él rodeado de altos árboles y mucha vegetación, roto este paisaje únicamente por la

Seguimos hasta la torre, donde subimos para hacer un
avistamiento general de las aves y del lago y el resto de sus habitantes, y
realmente la vista es majestuosa. De lo
primero que vemos son unas aves muy grandes, como gallinas,
subidas a las ramas
de los árboles y que producen un sonido como de un
acatarramiento que no pueden
respirar.
Una vez llegado al final del recorrido, que es el principio
de cuando hemos llegado y en el que “encanoamos” pero esta vez en una de las
canoas que hay dentro del lago, en las que la noche anterior fuimos a ver los
caimanes. Edu nos hace un recorrido alrededor por la parte corta y es otra
forma muy distinta de ver lo que estábamos viendo desde la torre, pero más
cercano, aunque no puedes echar dos pasos atrás para ver mejor, o dos pasos a
la izquierda o ponerte al lado de alguien que te señala donde está el objetivo
a divisar. Aun así los disfrutamos igualmente. Desde esta posición, las jacanas
se observan mejor y a una distancia más cercana y distinta altura, más “para
estrecharse la mano o la pata”.
Toca horario de volver al recinto de las cabañas para un
tiempo prudencial de descanso antes de comer, no sin antes darnos un paseo
hasta la bocana del río en unión con el río Napo, inconfundible por la
velocidad de sus aguas, sobre todo con la subida que ha hecho hoy, más de un
metro, por las lluvias caídas en su cabecera. A la llegada al embarcadero, y
como queda tiempo para la comida, decidimos ponernos el bañador y darnos un
bañico en plena amazonia, aunque al rato de estar en el agua,
Víctor recuerda
que Edu le ha comentado que el caimán más grande que ha visto por allí medía 3
metros y que,en este río también hay pirañas, le entra “yuyu” y decide que se
ha terminado el baño. Nos duchamos y a la comida.
Al terminar, y como no podemos estar quietos, le pedimos
permiso a Edu para irnos con la canoa al lago, por nuestra cuenta, y como no
hay problemas, Liliana (peruana) y Alice (EE.UU de Minesota)
se unen a nosotros
en la aventura. Alicia solicita si puede remar ella, ya que donde viven sus
padres hay un río o un lago y lo hace a menudo, con lo que gentil y
abusadoramente accedemos. Hay que decir la verdad y es que lo hace muy bien.
Cuando llegamos al lago, el “canoing” de dentro lo hago yo,
solamente porque sé que Víctor comenzará con el “para un poco” “un poco atrás” “más
a la derecha o izquierda” y de esta forma Alicia no se cansará para la vuelta.
Por la mañana no me había dado cuenta de la flora que hay dentro del agua del
lago, y que al remar, se agarra al remo y dificulta el trabajo. Efectivamente, “para
un poco” y el resto se sucede una y otra vez cuando vemos cosas que esta mañana
no habíamos visto, como los murciélagos volando de
día,
que luego cuando se lo comentamos al guía se siente sorprendido.
Una vez nos hemos metido o intentado por otros lugares que
esta mañana no habíamos accedido, dejamos las canoas y nos dirigimos de nuevo a
la torre, donde Víctor sigue disfrutando como un niño con zapatos nuevos.
Cuando regresamos, al ir a lavar las botas, el río ha
crecido alrededor de metro y medio
, el embarcadero está cubierto de agua unos 8
cm., la barra de hierro donde atamos la barca el día anterior casi no se ve, y
la zona de césped donde habían dejado unos racimos de plátanos, está
completamente inundada.
Una vez hemos terminado de
cenar, se acerca uno de los componentes del equipo del lodge, Juan, que es el que nos trajo con la barca, con una tarántula en la mano ofreciéndonos que la cogiésemos nosotros. Alice, la americana, siempre es pionera para probar cosas y se decide, aunque con un poco de “sustico”, a que se suba por su mano, luego la otra mano.
El siguiente es Víctor, y a continuación todos hemos de tener la tarántula, bien en la mano, en la camisa o como Juan, casi en la boca.
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