domingo, 12 de enero de 2014

ECUADOR - AMAZONAS YARINA LODGE (3) 9-1-2014


Que tormentón de agua ha caído durante la noche. Debió de ser hacia las 2 o 2:30, pero con ganas, con muchas ganas, y no ha parado hasta poco antes de la madrugada.


Al ir a desayunar vemos un “aguati” o gatuso , que es un roedor muy grande que hay por aquí y que está merodeando entre las cabañas.




Desayuno a las 6:30 para luego salir en canoa hacia el lago, es río abajo, hacia la entrada desde el Napo. 

Una vez llegamos “desencanoamos” y entramos a la zona del lago, que es denominada “ÁREA SAPOCOCHA”, aunque luego nos confirman que es un estanque grande. Desde la entrada ya se ve el lago con una parte central con algún árbol y mucha hierba, y todo él rodeado de altos árboles y mucha vegetación, roto este paisaje únicamente por la torre de observación que vemos al fondo.


Tomamos un sendero a la izquierda que nos conduce a dicha torre, pero aquí ya comienza a verse movimiento de aves, y Víctor apuntando y presto a disparar a toda ave que se ponga en su visión. Ya le impacta el tamaño de un martín pescador, que está muy ávido para tirarse al agua a coger su presa y una vez vuelve a su atalaya, golpearla contra la rama para terminar de matarla. 

Seguimos hasta la torre, donde subimos para hacer un avistamiento general de las aves y del lago y el resto de sus habitantes, y realmente la vista es majestuosa.  De lo primero que vemos son unas aves muy grandes, como gallinas, subidas a las ramas de los árboles y que producen un sonido como de un 
acatarramiento que no pueden respirar.  

Ya comenzamos a divisar otros animales, como una tortuga subida a un trozo de tronco que sobresale del agua, justo para que ella tome el sol, un pez de color rojo (esto porque es joven, cuando son adultos cambian de color) con listas transversales negras llamado “pike” (en inglés) en el centro del lago hay una isla con vegetación baja en la que vemos a una “capibara”, y en los árboles cercanos y con los prismáticos hasta en los lejanos, muchas aves que, un día que Víctor tenga tiempo, me pasará los nombres, ya que es el primero que las avista y Edu el que le confirma, viendo la foto que le ha hecho, el tipo de sonido del canto y el libro de campo de las especies de aves de Ecuador que ya he comentado que se compró Víctor.

Después de un rato que se nos ha hecho corto, bajamos de la torre de avistamiento, para hacer un recorrido por un sendero alrededor del lago, en el que vemos a una especie amazónica de rana, un nido de unas hormigas que van tejiéndolo, poniéndole un tipo de pegamento que se genera por la descomposición de las hojas que llevan y que cosa inusual, cuando se van de la zona, deshacen el nido y no dejan ni rastro de que han estado por allí. Asimismo vemos a las incansables hormigas recolectando hojas para el nido y para alimentar a la reina, que una vez sale, le crecen alas para formar otra familia en otro terreno lejano, acompañada de un séquito de trabajadoras.

 

Una vez llegado al final del recorrido, que es el principio de cuando hemos llegado y en el que “encanoamos” pero esta vez en una de las canoas que hay dentro del lago, en las que la noche anterior fuimos a ver los caimanes. Edu nos hace un recorrido alrededor por la parte corta y es otra forma muy distinta de ver lo que estábamos viendo desde la torre, pero más cercano, aunque no puedes echar dos pasos atrás para ver mejor, o dos pasos a la izquierda o ponerte al lado de alguien que te señala donde está el objetivo a divisar. Aun así los disfrutamos igualmente. Desde esta posición, las jacanas se observan mejor y a una distancia más cercana y distinta altura, más “para estrecharse la mano o la pata”.

Toca horario de volver al recinto de las cabañas para un tiempo prudencial de descanso antes de comer, no sin antes darnos un paseo hasta la bocana del río en unión con el río Napo, inconfundible por la velocidad de sus aguas, sobre todo con la subida que ha hecho hoy, más de un metro, por las lluvias caídas en su cabecera. A la llegada al embarcadero, y como queda tiempo para la comida, decidimos ponernos el bañador y darnos un bañico en plena amazonia, aunque al rato de estar en el agua, Víctor recuerda que Edu le ha comentado que el caimán más grande que ha visto por allí medía 3 metros y que,en este río también hay pirañas, le entra “yuyu” y decide que se ha terminado el baño. Nos duchamos y a la comida.

Al terminar, y como no podemos estar quietos, le pedimos permiso a Edu para irnos con la canoa al lago, por nuestra cuenta, y como no hay problemas, Liliana (peruana) y Alice (EE.UU de Minesota) se unen a nosotros en la aventura. Alicia solicita si puede remar ella, ya que donde viven sus padres hay un río o un lago y lo hace a menudo, con lo que gentil y abusadoramente accedemos. Hay que decir la verdad y es que lo hace muy bien.

Cuando llegamos al lago, el “canoing” de dentro lo hago yo, solamente porque sé que Víctor comenzará con el “para un poco” “un poco atrás” “más a la derecha o izquierda” y de esta forma Alicia no se cansará para la vuelta. Por la mañana no me había dado cuenta de la flora que hay dentro del agua del lago, y que al remar, se agarra al remo y dificulta el trabajo. Efectivamente, “para un poco” y el resto se sucede una y otra vez cuando vemos cosas que esta mañana no habíamos visto, como los murciélagos volando de día, que luego cuando se lo comentamos al guía se siente sorprendido.

Una vez nos hemos metido o intentado por otros lugares que esta mañana no habíamos accedido, dejamos las canoas y nos dirigimos de nuevo a la torre, donde Víctor sigue disfrutando como un niño con zapatos nuevos.

La actividad de por la tarde es una caminata corta, por otra zona que no habíamos transitado anteriormente, y por la que, como en las ocasiones anteriores, nos va explicando para que sirven o se utilizan otros árboles distintos o sus frutos, como el fruto de un árbol, que cuando es joven tiene un líquido interior de sabor suave, pero cuando es adulto y ya está formado, es blanco y muy duro, y antes se utilizaba y se sigue utilizando para hacer botones y/u otros objetos de decoración.

Cuando regresamos, al ir a lavar las botas, el río ha crecido alrededor de metro y medio, el embarcadero está cubierto de agua unos 8 cm., la barra de hierro donde atamos la barca el día anterior casi no se ve, y la zona de césped donde habían dejado unos racimos de plátanos, está completamente inundada.




Una vez hemos terminado de 
cenar, se acerca uno de los componentes del equipo del lodge, Juan, que es el que nos trajo con la barca, con una tarántula en la mano ofreciéndonos que la cogiésemos nosotros. Alice, la americana, siempre es pionera para probar cosas y se decide, aunque con un poco de “sustico”, a que se suba por su mano, luego la otra mano.

El siguiente es Víctor, y a continuación todos hemos de tener la tarántula, bien en la mano, en la camisa o como Juan, casi en la boca.

Cuando salimos de ésta y vuelvo al lugar común para escribir un rato, Carlos, otro del equipo, me llama y me enseña una serpiente, una boa constrictor de tierra, de 1 metro aproximadamente, con un tramo final de cola más llamativo en colores que el resto, que está para cruzar el pasillo que conduce a las cabañas. Aviso al grupo para que vengan a ver el hallazgo, y cuando estamos haciéndole fotos, Victor descubre un sapo grande de unos 10 a 15 cm., y que preguntando a los locales, nos confirman que podríamos haberle quitado la cena a la boa y salvado la vida a la rana.

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